La fuerza con que la Tierra atrae a un cuerpo se conoce como peso de dicho cuerpo (P) , en consecuencia, P = m · g. Como vemos, el valor del peso de un cuerpo no es una característica intrínseca del cuerpo (como lo es su masa) sino que dependerá del valor de la intensidad del campo gravitatorio, y por tanto, de dónde esté situado dicho cuerpo (peso en la Luna , en Marte)
La sensación física que tenemos sobre nuestro propio peso se debe a la existencia de otras fuerzas que habitualmente lo equilibran. Así, cuando nos colocamos encima de una balanza de baño de nuestra casa, la fuerza peso con que la Tierra nos atrae es equilibrada por la fuerza ejercida sobre nosotros por el muelle de la balanza. Nosotros notamos esa fuerza, lo mismo que la que nos hace el suelo cuando permanecemos de pie en él y esto nos da la sensación de que pesamos. A veces, la superficie sobre la que estamos nos hace una fuerza mayor que nuestro peso (y nosotros a ella), por eso notamos como si pesáramos más (aunque la Tierra nos sigue atrayendo con la misma fuerza y realmente seguimos pesando igual). Esto ocurre, por ejemplo, en el momento en que un ascensor arranca y acelera hacia arriba. En otros casos ocurre lo contrario y la fuerza que nos hace la superficie (y nosotros a ella) es menor que nuestro peso y, en consecuencia, nos da la sensación de que pesamos menos. ¿Qué ocurrirá en aquellos casos en los que la superficie no ejerce ninguna fuerza sobre nosotros o, simplemente, no hay ninguna superficie y estamos en caída libre? En esos casos nos parecería que no pesamos nada. Sentimos un estado de “ingravidez” pero eso, naturalmente, no debe interpretarse como que no hay gravedad o que la Tierra ha dejado de atraernos y realmente no pesamos. Esta sensación la experimentan por unos segundos los saltadores de trampolín, los paracaidistas y también (de forma continua) los astronautas que se hallan en órbita en satélites alrededor de la Tierra. Así pues cuando se dice que un astronauta está en estado de “ingravidez” debe entenderse que se halla en caída libre, sometido a la acción de la fuerza gravitatoria terrestre sin ninguna otra fuerza que la equilibre, pero no que se encuentre en un lugar donde no existe gravedad.